Parque de borde regenerativo como respuesta a la expansión de la mancha urbana: estudio de caso de La Comuna Alta

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Date
2026
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Publisher
PUCE - Quito
Abstract
Este trabajo se fundamenta en la necesidad de reinterpretar las formas de habitar en territorios históricamente marginados como la Comuna Alta. Tal como se plantea en el artículo de Angélica Ordóñez (2024), los desastres deben entenderse no solo como eventos naturales, sino como el resultado de desigualdades estructurales, decisiones políticas y procesos de exclusión espacial. En ese sentido, la vulnerabilidad de sectores como la Comuna Alta no radica únicamente en su ubicación geográfica sobre laderas inestables del Pichincha, sino en la acumulación de factores como la precariedad habitacional y la informalidad jurídica del suelo. “Según el Municipio, existen 26 asentamientos informales identificados en las laderas del Pichincha, que albergan aproximadamente 150 000 personas distribuidas en 198 barrios de riesgo. (Televistazo, 2019). Estas condiciones se reflejan hoy en problemáticas específicas encontradas en el barrio que afectan la calidad de vida de los residentes como: la generación de intersticios urbanos dentro del tejido barrial, la expansión de construcciones informales en condiciones no adecuadas, y la fragmentación interna entre las zonas altas y bajas de la comuna, donde la desconexión física y social en el sector impide el fortalecimiento del sentido de comunidad. Además, entre 20 000 y 25 000 residentes están expuestos a amenazas directas por vivir junto a quebradas informales, y otros 100 000 están en riesgo potencial. Esta situación deriva de una ocupación sistemática de zonas naturales desde los años 50, con rellenos de escombros que han alterado permanentemente la dinámica hídrica y geotécnica del asentamiento urbano. Frente a este panorama, la informalidad urbana en Quito sigue siendo del 70 %, y el 45 % de esa área informal se sitúa en zonas de alto riesgo (Zambrano, 2022), evidenciando vulnerabilidad estructural y fallas en la regulación urbana. Desde la década de los 80, diversas zonas del Pichincha han sido declaradas Bosque Protector, con más de 18 000 hectáreas protegidas, parte de un cinturón verde de más de 30 000 hectáreas alrededor de la ciudad, (Gómez, 1989). El proyecto se propone abordar el ‘’habitar’’ en la Comuna Alta desde una aproximación fenomenológica, entendiendo el habitar no desde el estado de la técnica, sino como una condición existencial. Para Heidegger, “habitar es el modo en que los mortales son sobre la tierra” (1951), lo que implica una relación activa, situada y significativa con el entorno. Esta mirada busca evidenciar cómo el habitar emerge bajo condiciones materiales precarias, atravesadas por luchas territoriales, reconfiguraciones identitarias y estrategias de subsistencia. En el caso de la Comuna Alta, su origen legal como comuna reconocida en el siglo XX ha sido tensionado por la expansión de la ciudad y las políticas de regularización urbana que han ignorado, fragmentado o intentado disolver su organización territorial (Cuvi, 2022; Jácome, 2019). Esta historia configura un habitar marcado por contradicciones: entre la pertenencia simbólica y la exclusión material, entre el derecho colectivo y la presión individualista del mercado, entre la necesidad de permanecer y el riesgo de ser desplazado. La ocupación de las laderas altas en la Comuna Alta de Quito revela una preocupante desconexión con la mancha urbana formal, lo que ha contribuido a un entorno de olvido institucional, inseguridad y creciente marginalidad. Según el Observatorio Metropolitano de Seguridad Ciudadana (2018), el 37,5 % de los residentes del sector considera la inseguridad como parte cotidiana de su entorno, frente al 23,5 % del promedio parroquial de Belisario Quevedo, lo que evidencia una percepción más crítica del riesgo en zonas periféricas (Tesis UIDE, 2023, p. 76). Además, operativos recientes como “Apolo 1” en mayo de 2025, liderados por la Policía Nacional, reportaron la detención de 22 personas vinculadas al microtráfico y posesión ilegal de armas en barrios de ladera al occidente de Quito, incluyendo zonas cercanas a la comuna (El Telégrafo, 2025). Estas situaciones reflejan cómo el abandono estatal y la falta de infraestructura pública en las partes altas generan vacíos físicos que terminan siendo ocupados por dinámicas negativas. Esta desvinculación entre el tejido urbano consolidado y las franjas marginales refuerza la fragmentación social, debilitando la confianza barrial y la construcción del sentido de comunidad. El análisis territorial evidencia que la Comuna Alta no necesita únicamente aumentar su oferta habitacional, sino también integrar una red de espacio público cualificado que garantice bienestar y cohesión social. ‘’La parroquia Belisario Quevedo, a la que pertenece la comuna alta, cuenta con 45 370 habitantes distribuidos en 909,5 hectáreas’’ (INEC, 2010), lo que da una densidad de 35,5 habitantes por hectárea, con una proyección de 5 360 viviendas para la zona de intervención, y una extensión aproximada de 850 ha útiles, se obtiene una densidad residencial bruta de cerca de 6,3 viviendas por hectárea. Aplicando el indicador urbano de relación entre unidades habitacionales y superficie, se concluye que el sector no demanda más vivienda, sino espacios de relación y encuentro. En ese sentido, la propuesta debe estar enfocada hacia el uso residencial, no en su crecimiento, sino en su articulación con equipamientos públicos y áreas de uso colectivo. Sin estos espacios, la comuna seguiría expandiéndose sin estructura comunitaria, favoreciendo la desconexión y el deterioro del hábitat barrial. El momento de sensibilización se vuelve importante porque las problemáticas identificadas en la Comuna Alta no se reducen únicamente a la falta de infraestructura colectiva o la excesiva ocupación informal de las laderas, sino también a la desconexión simbólica y cultural entre los habitantes y su entorno natural. Diversos autores señalan que la vulnerabilidad Urbana no depende únicamente de factores físicos, sino también de condiciones sociales, culturales y percepción (Lavell, 2003). Como sostiene Schulz (1980), el habitar implica un diálogo entre ser humano y entorno. Así el momento de sensibilización busca interpretar y visibilizar las condiciones intangibles de la parroquia de Atahualpa, pero con un alto valor simbólico y de recuperación del entorno.
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Keywords
Parques urbanos, Rehabilitación urbana, Espacio público, Expansión urbana, Paisajes culturales
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