Tesis - Licenciatura en Teología (Sin Restricción)

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    Propuesta para acompañar la vida espiritual de los jóvenes del Centro Artesanal Rosa Virginia
    (PUCE - Quito, 2012) Tobar Marcalla, Roberto Carlos; Vivar Reinoso, Efrén
    Al intentar dar una visión del joven de hoy, teniendo en cuenta su naturaleza y sus entornos, lo que se busca es dar una mirada interpretativa de este sector tan vulnerable de la sociedad que hoy en día encuentra muchas trabas y muros en el pensamiento conservador y consumista de quienes son sus inmediatos ejemplos, los adultos. El término joven es el universal que encierra la complejidad de un pensamiento tan rebelde porque busca renovar todo su entorno sin entender que las limitaciones existentes son los parámetros de un sistema real que no encuentra consonancia con sus intenciones. El joven ecuatoriano, a parte de confrontar su pensamiento con la realidad, tiene que desenvolverse en una sociedad categorizada como tercermundista o subdesarrollada lo cual dificulta más su proceso de integración a un entorno. Al existir diferentes grupos de jóvenes se crean obligatoriamente diferentes opiniones de sí mismos y de la sociedad, con lo cual se hace más complejo su estudio ya que existe una intensa gama de pensamientos, preguntas y respuestas. Los jóvenes provienen de una gran variedad de entornos, pero nos centraremos en un grupo muy especial y considerado en situaciones de riesgo”. La realidad humana y espiritual de este sector es muy compleja y poco profundizada para dar una respuesta real y eficaz a los problemas que a ellos les aqueja...
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    La muerte de Cristo es vida
    (PUCE - Quito, 2015) Cabascango Fernández, Diego Mauricio; De la Torre Altamirano, David Israel
    Partimos del hecho de que el ser humano en su curiosidad por el mundo y lo que lo rodea se pregunta sobre su muerte; sin embargo, la mayoría de respuestas no satisfacen su cuestionamiento, el ser humano busca dar sentido a su vida y su muerte a su vez busca alcanzar la plenitud existencial, y así nacen las más diversas ideologías sobre nuestra vida y nuestra muerte. El tema de la muerte es tratado desde varios escenarios históricos del desarrollo de del pensamiento en la sociedad, por esto el presente trabajo hace un recorrido por lo más destacado para tratar de responder al enigma de la muerte. Y en la enseñanza cristiana católica se encuentra por revelación divina en la Escritura, una respuesta a este enigma. La interrogante sobre lo que nos espera después de esta vida, como la conocemos, es una interrogante universal y existencial. La filosofía antigua y presocrática inicialmente invitaba a una reflexión sobre la muerte. Como parte natural del ciclo de vida. En los periodos de la reflexión platónica y aristotélica se pasa del mero disfrute de la vida a recordar que la muerte es el destino del hombre porque es mortal y señalar que el hombre tiene un alma que trasciende este mundo físico. Añadamos que se adhieren los temas de la inmortalidad y la reencarnación. Prepararse para morir es pensar en la vida y el modo de vivir, entonces, si se lleva una vida virtuosa la muerte será virtuosa o si es una vida corrupta la muerte será trágica. Todos tenemos potencia de perfección. En el periodo medieval el encuentro entre Fe y la Razón, nos presentara una nueva forma de ver la vida, de esperar la muerte y una marcada esperanza de nueva vida después de la muerte por la fe. Los filósofos del medio evo, mantienen sobre el tema de la muerte la prioridad de la inmortalidad del alma, en la visión del Ser, es Dios, quien comparte su ser y por ende no lo abandona a la nada y al sin sentido. Se sostiene que la revelación de Dios permite al hombre buscar la perfección del alma y esta se consigue en la búsqueda del bien. A continuación, pensar en el alma como una forma sustancial del cuerpo, permite también pensar en un propósito final que lo da Dios. El hombre tiene un fin extrínseco a sí mismo, y muestra muerte no tendrá la última palabra, porque nuestra alma es de cualidades: individual, inmortal y creada. Dios afirma que es dueño de la vida y de nuestra muerte.
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    Jesús ante su muerte inminente
    (PUCE - Quito, 2011) Chávez Alay, Tony Iván; De la Torre Altamirano, David Israel
    Cuando proclamamos nuestra fe en la Iglesia afirmamos que Jesús es Dios verdadero y hombre verdadero. La fe cristiana pone de manifiesto que Jesús era uno de los nuestros. Pero a partir de su muerte en la cruz surgieron muchas controversias sobre su real humanidad, porque se daba por hecho que Jesús desde el inicio sabía todos los sufrimientos por los que tenía que pasar, incluso que nos iba a salvar. En la actualidad aún existe la concepción de éste Jesús que lo sabía todo, incluso cual iba a ser el desenlace de su muerte. El lenguaje corriente tiende de alguna manera aislar la muerte de Jesús de la vida que le precedió. Se llega a preconizar el mérito de la sangre derramada y a hacer de la muerte de Cristo una especie de acto mágico que salva.
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    La imagen de Jesús en el cine contemporáneo
    (PUCE - Quito, 2013) Benavides Zambrano, Yimmy Antonio; De la Torre Altamirano, David Israel
    Vivimos en la sociedad de las pantallas, con una cultura que nos exige aprender a vivir y a sobrevivir con lo audiovisual. La imagen y las relaciones simbólicas configuran la realidad. Un mundo en el que una buena parte de la comunicación se realiza a través de los medios audiovisuales. La misión de la Iglesia, ha sido siempre discernir e interpretar, con la ayuda del Espíritu Santo, los diferentes lenguajes del tiempo y juzgarlos a la luz de la Palabra de Dios, para que la Verdad revelada pueda ser percibida más completamente, mejor comprendida y expresada más adecuadamente. En esta sociedad constatamos que el cine puede ser una verdadera escuela de formación ética, capaz de orientarnos debidamente sobre cuestiones de gran trascendencia para el desarrollo humano, a condición de interpretar a fondo las experiencias de vida que encierran las películas. La proyección de una película sobre Jesús puede hoy hacer surgir entre los espectadores varias preguntas esenciales: ¿Quién fue? ¿Cómo entendió su vida? ¿Qué defendió? ¿Dónde está la fuerza de su persona y la originalidad de su mensaje? ¿Por qué lo mataron? ¿En qué terminó la aventura de su vida? ¿Por qué es recordado por quienes le conocieron más de cerca como una “buena noticia? ¿Qué es lo que percibieron de “nuevo” y de “bueno” en su actuación y su mensaje?, etc. Iniciamos investigando experiencias vividas por otros agentes pastorales y nos encontramos con la experiencia del Padre Peio Sánchez, sacerdote de la diócesis de Barcelona. Teólogo, experto en cine, que tiene un blog donde cada semana nos cuenta los estrenos y da razones para ver una película. Nos encontramos también a Alfonso Mendiz, profesor de Comunicación Audiovisual en la Universidad de Málaga, quien también tiene un interesante blog titulado Jesucristo en el cine en el que ofrece claves para el análisis de las películas sobre Jesús: significado, fidelidad histórica, imagen de Jesús, material didáctico, guiones de cine-forum, anécdotas del rodaje, etc. teniendo de fondo la pregunta: ¿qué imagen de Jesucristo nos ha transmitido el cine?
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    La religiosidad popular y la piedad popular como manifestaciones vivenciales del Evangelio de Cristo
    (PUCE - Quito, 2014) Gualoto Sotalín, Marco Vinicio; Barredo Heinert, Fernando Víctor
    Desde que el ser humano es consciente de su dimensión religiosa, es decir, de su necesidad innata de relacionarse con el Absoluto ha creado diversas formas para manifestar su fe. La religiosidad y la piedad popular son algunas de estas formas, podríamos decir que son las más antiguas, por lo que estudiarlas es volver al primer encuentro del ser humano con Dios. En todas las religiones coexisten estas formas de expresión de la fe conel culto oficial. El Cristianismo no es la excepción, desde los inicios de nuestra fe, la religiosidad y la piedad populares han sido junto a la Liturgia los pilares donde se ha ido asentando la fe de nuestros pueblos. Con el paso del tiempo y con una mejor comprensión del misterio cristiano la Iglesia ha ido paulatinamente afirmando la supremacía de la Liturgia sobre cualquier otra forma de expresión de la fe con el fin de garantizar la unidad de la Iglesia y la pureza del mensaje que se transmite en cada celebración. Esto ha creado ciertas dificultades en diversos momentos de la historia, dificultades que estamos llamados a superar para el bien del Pueblo de Dios que tiene en gran estima y como parte de su vida de fe, las diversas manifestaciones de religiosidad popular. Para cumplir con este propósito debemos conocer de manera amplia, objetiva y profunda las diversas notas características tanto de la religiosidad popular como de la piedad popular, para valorarlas tanto por el aporte que dan a la vida de fe de las personas, como por su influencia en la actividad misionera de la Iglesia. El estudio de la religiosidad popular y de la piedad popular como los grandes tesoros de la fe de nuestros pueblos, nos ayudará a evitar prejuicios y acciones que por un afán puritano pueden terminar con esta riqueza cultual y cultural. El reto para la Iglesia de hoy es iluminar con la luz del evangelio estas manifestaciones de fe y convertirlas en lugar de encuentro con Cristo y con la comunidad.
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    El duelo ante la muerte de un ser querido
    (PUCE - Quito, 2014) Merino Quevedo, Líder Leonardo; De la Torre Altamirano, David Israel
    Después de siete años de experiencia como capellán del Hospital South Eastern Sídney Ilawarra, en Sídney Australia, pude conocer de cerca muchas historias y realidades que traían consigo el dolor humano, ante la triste realidad de conocer el diagnóstico de una enfermedad terminal o la pérdida de un ser querido, familiar o amigo. En muchas historias hay pérdidas únicas, porque nadie vive una pérdida como “yo” la vivo; por este motivo cuando hablamos de duelo, cada persona lo vive de una manera singular. Además el duelo no solo está relacionado con la muerte sino con muchos otros factores, por ejemplo perder una relación afectiva, enterarse de una situación que cambia nuestra realidad: como perder el empleo, el divorcio, el encarcelamiento, etc. situaciones que nos pueden ocurrir a todos a lo largo de la vida. En esta disertación, deseo compartir un acercamiento a las personas que están viviendo un duelo o una preparación para el mismo. Me pregunté constantemente ¿Qué es la muerte? ¿Cómo se asimila la muerte de un ser querido según la etapa de la vida en que ésta ocurra? ¿Qué repercusión tiene en la vida familiar e individual? Y la respuesta la encontré en las sagradas escrituras donde no hay un párrafo igual al que escribió el Apóstol San Pablo a la Iglesia de Roma, acerca de cómo entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte. “Por el pecado de Adán reinó la muerte. Por un solo hombre, Jesucristo, ha abundado la gracia en beneficio de muchos”. (Rom 5,12) Adán y Jesucristo son como dos cabezas o troncos de la raza humana, el primero la conduce a la perdición, el segundo le devuelve todos los dones perdidos. Dentro del plan divino está prevista la presencia de Cristo en la humanidad. Su nacimiento, su vida, su mensaje, su muerte, su resurrección, es una obra totalmente divina. Dentro de estos mismos planes está previsto el pecado de Adán y sus consecuencias, entre ellas, la muerte física y la espiritual. Cuando el mismo Cristo se inserta en el árbol de la humanidad caída, la humanidad toda se renueva. L
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    Jesucristo sentido último de toda la existencia humana
    (PUCE - Quito, 2015) Guerrero Guerrero, Vinicio Renato; De la Torre Altamirano, David Israel
    La cuestión sobre el sentido último de la vida siempre ha estado presente a lo largo de la historia humana. El hombre busca perfeccionarse, ser feliz y darle un sentido auténtico y último a su vida en medio de los problemas que hay en el mundo. Si el hombre tiene nostalgia de Dios, tiene sed de eternidad y hambre de plenitud. Entonces, la pregunta por el sentido último de la existencia aún sigue teniendo vigencia y es de vital importancia que el hombre se pregunte y se cuestione profundamente para que en la búsqueda de la verdad pueda alcanzar el significado al enigma de su persona. Tanto la ciencia como las religiones de las diferentes culturas han buscado responder acerca del significado y del destino último del género humano. Pero, la revelación cristiana afirma que solo Jesucristo, único salvador absoluto, por el misterio de su Encarnación, en su doble naturaleza humana y divina es la respuesta al sentido último de toda la existencia humana. En Jesucristo Verbo encarnado y personificación del amor el hombre llega a conocer su verdadera identidad y el sentido último de su vocación humana. Por la Encarnación lo humano ha quedado plenamente divinizado. Lo cual nos revela que la vocación del hombre es divina y está hecho para la eternidad. Gracias a la Encarnación del Hijo de Dios el hombre ha descubierto que es capaz de Dios (Capax Dei), y le descubre no solamente el fin último de su existencia, también le revela que todo cuanto existe tiene un origen divino, responde a un propósito divino y que constituye el fundamento de todas las cosas.
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    Dios verdadera felicidad del ser humano
    (PUCE - Quito, 2014) Ibarra Pérez, Mayla Asunción; Guerra Carrasco, José Abel
    La aspiración a la felicidad está inscrita en lo más profundo de la historia humana, tanto de la historia personal como de la comunitaria. El ser humano busca incesantemente, por distintos medios, ser feliz. Sin embargo, no ha logrado alcanzar su felicidad a plenitud. Por el contrario, se ha esclavizado en sus propios deseos, tratando de llenar su vida de aquello que cree encierra la felicidad: el poder, la fama, el placer y el dinero. Pero, al poseer esos bienes, descubre que la felicidad es momentánea, que le deja un profundo vacío y una sensación de que quiere alcanzar “algo más”. Por eso, este trabajo trata de dar respuesta a esta honda pregunta. En una sociedad donde prevalece el tener, el poder y el placer, ¿por qué el cristianismo debe seguir anunciando que el camino para alcanzar la verdadera felicidad son las Bienaventuranzas? Todos y todas deseamos ser felices, puesto que la felicidad es la tendencia más profunda del ser humano. Jesús nos muestra el camino efectivo para conquistar esa felicidad. Ese camino son las Bienaventuranzas, que no es otra cosa que la dicha del no tener, del no poder, de negarse a sí mismo, y de vivir intensamente el amor gratuito al prójimo. Esto es lo que lleva al ser humano a ser feliz, porque la verdadera felicidad la encontramos en Dios. Jesús, con su estilo de vida, nos muestra el camino para alcanzar la verdadera felicidad, perfila el camino para sus discípulos y discípulas. Es decir, Él es el camino, porque las Bienaventuranzas son su autobiografía, donde muestra que es posible ser felicescon un estilo diferente al que el mundo ofrece. Los que sufren, los que lloran, los pobres, los perseguidos y los pacíficos, son los felices; ellos no viven una ilusión futura, porque su felicidad la empiezan a vivir aquí y ahora, es un anticipo de lo que será la felicidad eterna. Entonces, para alcanzar la felicidad se debe vivir las Bienaventuranzas, las que implican optar por un estilo de vida pobre, que trae consigo renuncias, incluso de uno mismo.
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    El matrimonio cristiano en el plan de Dios
    (PUCE - Quito, 2012) Beltrán Rosales, Armando Teodoro; Barredo Heinert, Fernando Víctor
    El matrimonio cristiano tiene sus bases en el pensamiento de Dios. Dios que es Amor y vive en sí mismo un misterio de comunión personal de amor, ha creado al hombre, varón y mujer, a su imagen y semejanza, es decir, con la dignidad de persona, y por tanto como un ser capaz de amar y ser amado. Más aún, lo ha creado por amor y lo llama al amor, no a la soledad. Ésta es la vocación fundamental del amor, que es innata de todo ser humano. Así pues, la dignidad personal del varón y de la mujer, encuentran una básica y fundamental concreción en el matrimonio. A semejanza del amor divino, se vuelca en dar vida a otros y en cuidar del mundo, ámbito de la existencia humana; varón y mujer dan vida a los hijos. Unidos con ellos en la familia, con amor les procuran amparo y seguridad, y los educan. Varón y mujer deben mantenerse en fidelidad por su propio amor y por amor a los hijos. Dios protege el matrimonio. El matrimonio no debe romperse ni separarse. Lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre (Mt 19,6). El matrimonio cristiano, no sólo llama a cada uno a la santidad personal, sino que también llama inseparablemente a contribuir con la misión de la Iglesia, es decir, al apostolado. La Iglesia ha recibido del Señor la misión de anunciar y establecer en todos los pueblos el Reino de Dios (Lc 9,1-4). Este encargo no es exclusivamente para unos cuantos, sino para todos los bautizados, por ser todos miembros del pueblo santo de Dios, y responsables de la misión eclesial. En este marco, la vocación apostólica de los esposos cristianos se específica por el sacramento del matrimonio y se desarrolla precisamente a través de la vida matrimonial y familiar, de manera particular, impregnando de espíritu la vida conyugal y procurando la educación cristiana de los hijos (1Co 7, 1-ss).
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    Cristo, el eje de armonía existencial
    (PUCE - Quito, 2015) Carvajal Figueroa, Rafael Luis Carlos; Vásquez Vega, Julio César
    En la experiencia antropológica del hombre vemos que este por sí mismo no es capaz de poner armonía al caos que se le presenta; es así que la resurrección de Cristo, da sentido de orden de armonía, de paz, no solo en el mundo exterior al hombre, sino en su vida cotidiana, este es un hombre que no se queda tranquilo en esta realidad, muchas veces gris; donde busca y no encuentra o lo que encuentra no lo sacia. Por ende acontecimiento resurrección viene a ser la nueva creación por parte de Dios, es el acontecimiento fundante y estructurante de nuestra nueva naturaleza armónica; en este sentido es decisivo el hecho que Dios resucita a Cristo como primicia de la creación redimida por su sangre para hacernos partícipes de su vida divina.
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    Pedro y el Primado romano
    (PUCE - Quito, 2011) Yépez Rivera, Freddy Ismael
    Cercano y amigo, a veces impetuoso, otras cobarde. La Iglesia lo venera como el primer Papa, el Vicario de Cristo, el guardián de las llaves. En fin, es mucho lo que en la Biblia y en la Iglesia se ha dicho de este hombre que genera curiosidad y dudas. Esto último es lo que nos llevo a realizar el presente trabajo. Al principio la duda personal se centraba en la aptitud y preparación de Pedro especialmente frente a Pablo, pues es claro que a nivel de preparación intelectual, Pablo llevaba una larga ventaja a Pedro. Teniendo en cuenta que a la larga la figura petrina descolló más que la paulina, por lo menos a efectos prácticos en la dirección de la iglesia (no tanto en la teología eclesial en la que sin duda la imagen de Pablo es gigante), la pregunta será cuál fue la razón para que sea Pedro y no Pablo al que reconocemos como fundador de la Iglesia de Roma. Está duda nos llevó a preguntarnos sobre lo especial” de Pedro para que fuera el guía de una Iglesia que nacía y luego la imagen y el símbolo de la dirección misma de la iglesia. No podíamos encontrar respuesta satisfactoria ya que eran claras las alusiones a las limitaciones de de Pedro o su conocidísima huida en el momento de prendimiento de Cristo. Aunque también se destacan momentos en los que se intuía su capacidad1. La respuesta por lo tanto no estaba en sus cualidades humanas, además, así planteada la cuestión, era muy superficial la respuesta y no pasaba de ser un mero entretenimiento. Las cosas se las debía buscar con más profundidad, hurgando un poco más. Por lo tanto, el punto de partida no podía ser simplemente el de la curiosidad sobre la idoneidad de Pedro. La clave está entonces en el mismo Jesús, pues es él quien lo escoge. Si hacemos caso a sus mismas palabras, dirigidas precisamente a Pedro: tus pensamientos son los de los hombres, no los de Dios”2, intuimos que ese mismo es el criterio que usa para escoger a Pedro. Dios mira más allá de las...
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    El sentido salvífico del sufrimiento
    (PUCE - Quito, 2016) Tandalla Taipe, Miguel Ángel; De la Torre Altamirano, David Israel
    Lejos de aquella idea de R. Descartes del «cogito ergo sum», en su famoso Discurso del método (1637), la cual manifiesta que la razón prima en el mundo, es el sufrimiento, el que está repartido de la mejor manera en la creación. Y lo expresamos así, ya que el sufrimiento trasciende y relaciona todo tiempo y espacio, toda tradición, historia y cultura. “Todo el mundo sufre, ha sufrido y sufrirá. Indudablemente.” (Mèlich, 2010, pág. 194). Explotación, hambre, injusticia, guerras, enfermedades, muerte, violencia sin fin, destrucción del medio ambiente, entre otros, son elementos a través de los cuales podemos percibir la globalidad del sufrimiento. Ahora bien, se debe reconocer que existen distintos modos de sufrir y por tanto, diversos factores que ocasionan sufrimiento. Por ello, iniciaremos esta disertación a partir del sufrimiento en general, para después tratarlo en sus dimensiones más específicas. Es también –y sobre todo– en el camino de la fe, donde muchas veces somos testigos del sufrimiento de tanta gente. Personas buenas que vive haciendo el bien, que practican la justicia y la misericordia, gente que día a día se esfuerza por hacer lo correcto y que merece lo mejor. Sin embargo, viven otra realidad, soportan momentos difíciles e incomprensibles y terminan siendo personas que sufren. Es esta realidad tan actual y tan encarnada en el mundo, que despierta en nosotros una profunda y dolorosa sensación de impotencia e indignación. Sensación que se convierte en fuente de inquietudes y raciocinios, como por ejemplo sobre la existencia de Dios, sobre su omnipotencia y, más aún, sobre su misericordia, ¿cómo es posible que suceda esto? Así, hablar sobre el sufrimiento y el dolor ha sido y será un tema conflictivo que preocupa y cuestiona a todo ser humano. Y es que no solo se habla del sufrimiento sino que se lo vive en la cotidianidad de un mundo, cada vez más enajenado por su propio egocentrismo y del cual, surge una ligera y superficial concepción sobre el sufrimiento, llegándolo a identificar como una tragedia que a veces tiene su origen en Dios, en la naturaleza o en el mismo ser humano. Sea cual sea su origen, se convierte en un suceso lamentable que es inherente a la vida del hombre, que no tiene explicación y mucho menos sentido. Entonces, en este contexto, si la experiencia común nos dice que el sufrimiento es una tragedia y más aún, carente de valor, ¿puede tener un sentido salvífico el sufrimiento?
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    Los códigos domésticos y la pastoral matrimonial en la actualidad
    (PUCE - Quito, 2014) Castro Marca, Luis Angel; Chacón Padilla, Luis Emilio
    La realidad de las relaciones humanas en la pareja y familia están en un constante declive, y por otro la catequesis sobre los valores, la palabra de Dios y la moral familiar apuntan hacia un ideal tan bonito, pero inalcanzable para muchos. En el presente trabajo se trata de destacar, aclarar y en muchos casos indicar el camino a seguir. La vida de pareja es una realidad que supone una entrega total y decidida, ya que es una verdadera vocación humana donde el esfuerzo, el cariño abundante y la fe no deben faltar. Se ha realizado un análisis sobre la visión antropológica de la pareja, la realidad social por excelencia del ser humano, sea varón o mujer. Los dos están llamados para el encuentro, a vivir en equipo, y en familia. Pero, aunque el “ser social” es una realidad que nace con el ser humano, sin embargo no es fácil lograr un buen encuentro. Hay que disponerse, decidir salir al encuentro del otro y hacerlo con buenas maneras. Además se debe estar consciente que esta actividad va a “alterar” la vida en todos los sentidos. Pero también se debe saber que en la medida de la entrega al otro (demás) el ser humano se realizará como persona. A pesar de que ya se ha dado el paso para vivir en pareja y con un proyecto en común, existen varias otras dificultades para una buena relación. Los mismos aspectos que sirven de unión, se pueden transformar en fuentes de pequeños y grandes conflictos. Así el diálogo, el poder decidir, la forma de hacer las cosas, la manera de vivir las relaciones hacia fuera, el sexo, etc., se convertirán, si no se pone cuidado, en tropiezos para la marcha de una buena y sana convivencia. Después del estudio se presentan sugerencias para mejorar las relaciones humanas de la pareja y la familia, desde los Códigos Domésticos en San Pablo. Se dan unas orientaciones para interpretar correctamente el texto bíblico de Ef 5,21 – 6,9. Se toma muy en cuenta las orientaciones de la Constitución Dogmática Dei Verbum y otros estudios bíblicos. La intención es descubrir.
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    La praxis comunicacional de Jesús, parámetro de la comunicación pastoral
    (PUCE - Quito, 2017) Ordóñez Ordóñez, Richard Juventino; Chacón Padilla, Luis Emilio
    La praxis comunicacional de Jesús, de acuerdo a las grandes líneas de la teología de la comunicación, es el parámetro de la comunicación pastoral en el fascinante desafío de la evangelización de la cultura mediante los medios de comunicación social, puesto que la Encarnación de Jesús marca el momento cumbre de la comunicación entre Dios y el hombre, quien revela la verdad del Padre, invita a la filiación, e impulsa a volver al Padre, venciendo la muerte y derribando el pecado, que incomunica a los hombres con Dios y entre sí. La Iglesia de Quito, siguiendo el ejemplo de San Pablo, y el mandato de su Arzobispo Monseñor Fausto Gabriel Trávez, ofm, en su plan pastoral, se esfuerza en difundir la Buena Noticia de Jesús a través de los modernos areópagos en los que la cultura se propone y difunde, y en particular mediante los medios de comunicación social. El trabajo aborda la irrenunciable misión de comunicar la Buena Nueva de Jesús, trata sobre las grandes líneas de la Teología de la Comunicación, fundamentado en la encarnación de Jesús, signo auténtico y modelo coherente del perfecto comunicador; hace una revisión bibliográfica del Magisterio Pontificio sobre la comunicación y la voz de los Obispos de América, sobre todo en lo expresado por los Papas Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco con motivo de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, describe teóricamente el significado de la Pastoral de la Comunicación Social, y presenta la propuesta de la Comisión Arquidiocesana de Medios de Comunicación Social.
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    La pobreza y la cruz signos de civilización
    (PUCE - Quito, 2016) Andrade Barragán, Efreen Bladimir; De la Torre Altamirano, David Israel
    La fragilidad humana y su sentido, ha sido desde siempre muy criticada y cuestionada. Por un lado, el hombre se abandona al sin sentido, por otro lo enfrenta, y es aquí donde descubre su vocación: ve que no es un ser para la nada, sino un ser para la trascendencia; y entonces concluye que las limitaciones, sufrimientos y necesidades no tienen la última palabra. La pobreza y la cruz son signos de civilización no en su sentido propio, sino en la magnitud de que son abrazadas por el Hijo de Dios: signo de contradicción. Entonces el sentido del hombre no se resuelve en la superficialidad del mundo, sino en la esencialidad, en la realización plena de la caridad, con una perspectiva soteriológica. Por ello, en la Iglesia, el pueblo de Dios, los santos y mártires, testimonian que la lógica de caminar en el Señor está por encima de nuestras categorías humanas. Movidos por las bienaventuranzas eternas hacen del proyecto de humanización, a pesar de lo que involucra el mismo, un compromiso con el hombre en la humanidad del prójimo. Desde ahí la cruz y la pobreza trascienden, y la fe, esperanza y caridad del hombre, son notables.
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    La participación de los laicos en la reflexión teológica
    (PUCE - Quito, 2015) Coppiano Fajardo, Christian Cristoforo; Barredo Heinert, Fernando Víctor
    Abrir la teología a la participación de los laicos implicaría que la Iglesia se nutra de la experiencia de la gran mayoría de sus miembros, dejando de ser una labor exclusiva de los clérigos para convertirse en misión de toda la Iglesia. Eso no significa crear una especie de teología laical independiente, sino más bien, leer la Palabra de Dios desde la comprensión del magisterio de la Iglesia y llevarlo al seno de las realidades familiares, profesionales y desde las diferentes organizaciones laicales. Cabe señalar que la participación teológica por parte de los laicos seglares, responde al llamado de Cristo hacia ellos también, como parte de la comunidad de creyentes bautizados: ―Id también vosotros a mi viña‖ (Mt. 20,3). Estas palabras las acoge la Exhortación Apostólica Pos-Sinodal ―Christifideles Laicis‖ para motivar y alimentar la participación de los Laicos-Seglares en la misión de la Iglesia. Palabras claves: Apostolado, clero, evangelización, fieles cristianos, Iglesia, laicos, Magisterio de la Iglesia, misión, participación, Pueblo de Dios, reflexión teológica, servicio.
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    Secularismo y nueva evangelización
    (PUCE - Quito, 2016) Ponce Gamboa, Washington Fernando; De la Torre Altamirano, David Israel
    Somos parte de un cambio de época, tanto para la sociedad como para la Iglesia; somos parte de un mundo que adquiere cada vez más un rostro secular, debido al creciente proceso de Secularización iniciado en todas partes hace mucho tiempo atrás. Es meritorio realizar una reflexión sobre este tema, porque está en juego el futuro de la fe cristiana; aunque no es impedimento para vivir la fe, y la fe de las personas puede permanecer viva y operante en un mundo que se ha hecho secular. La Iglesia mira con buenos ojos una positiva Secularización, donde el mundo se explica sin que sea necesario recurrir a Dios; acoge la intención inicial de poder vivir en el mundo como si no existiese ningún Dios; Dios mismo nos conduce a esta conciencia: nos hace saber que debemos vivir como hombres que pueden arreglárselas sin Él. Luego, el hombre de hoy parece vivir una verdadera experiencia de desierto, de oscuridad de Dios, de indiferencia ante el Creador, de vacío del alma, sin conciencia de la dignidad y rumbo del hombre; pero la Iglesia debe ponerse en camino como Cristo para rescatar a los hombres de esas situaciones y conducirlos a la Vida, a la amistad con el Hijo de Dios, hacia Aquel que nos da la felicidad, que nos da una vida en plenitud. En este mundo posmoderno con sus complejidades, es necesario volver a proponer con fuerzas el Evangelio al hombre, el mismo contenido pero renovado en su ardor, en su método y en su expresión; lo que llamamos una Nueva Evangelización. Pues, la Iglesia como don de Dios al mundo, no puede ser indiferente, y se propone ayudar al hombre en el camino de la Salvación, que consiste en el anuncio de la Persona de Jesús de Nazaret ya que solo en Él puede el hombre ser hombre, puede tener dignidad y puede realizarse; el hombre necesita de Dios, su fundamento y su perfección; muy contrario a lo que pretende el Secularismo: una negación de Dios que es una negación del hombre.
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    El silencio de Dios en la Cruz de Jesús
    (PUCE - Quito, 2016) Sany Simbaña, Nelson Fabián; De la Torre Altamirano, David Israel
    El silencio que siente el ser humano cuando acude a Dios, pero no obtiene la respuesta que quisiere, debe ser orientado en el redescubrimiento de la presencia de Dios incluso en el silencio que para muchos es tan incomprensible y tan difícil de aceptar. Dios se ha manifestado al hombre desde la misma creación, pero también desde ese acontecimiento se ha hecho presente el silencio por parte del Creador. Pero el momento histórico más relevante, es cuando su propio Hijo clama la presencia del Padre, en la Cruz. En esos momentos de suplicio y dolor humano es cuando se debería escuchar la voz del Padre o mirar la presencia visible del Padre amoroso que esta junto a su Hijo. El silencio llena de dudas y temor a todos quienes presenciaban ese acontecimiento. Y muchos hasta ahora nos quedamos en esa duda y en ese temor, no reconociendo que a pesar del silencio, la presencia de Dios en la cruz de Cristo era una realidad innegable. La presencia de Dios, incluso en el silencio de la cruz o el dolor humano, es una realidad que debemos redescubrir. Así el silencio pasará del concepto de ausencia, de rechazo, de odio, al de presencia a pesar del sufrimiento, al de amor innegable, incondicional y sobre todo el silencio de Dios nos presenta la salvación.
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    Iglesia católica y política : ¿qué puede aportar la iglesia católica en la construcción política latinoamericana y " particularmente en el Ecuador" en los comienzos del siglo XXI
    (PUCE - Quito, 2012) Ilaquize Baño, Jesús Francisco; Barredo Heinert, Fernando Víctor
    Existe un peligro en entender que la Iglesia católica “no” debe mezclarse con la política, pero el peligro es más grave si no dilucidamos y comprendemos el valor y la esencia de cada entidad, puesto que las dos nacen y están al servicio del ser humano en la sociedad. De hecho, la política así como el evangelio tienen sus valores esenciales en favor del hombre y su bienestar individual y social. Por ello es importante aclarar lo que concierne decir y actuar a la Iglesia respecto a la política, esclareciendo previamente la teoría y la práctica política verdadera. La política ha generado ambigüedad para la mayoría de personas por la imagen poco edificante que han dado sus representantes. Pero así también sigue llamando la atención a otros. En la política está la dirección y el futuro de un Estado y su gente, por ello la necesidad de construir y darle su verdadero valor y camino. El evangelio de Jesús, no sólo tiene incidencias espirituales al interior del ser humano, sino que, toca su ser total y por ende su vida social y política. El hombre de fe busca construir un mundo más justo y más humano para todos. Entendiendo que, la verdad histórica de la Palabra de Dios, trae consigo el principio de la autentica liberación del ser humano: “conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (cfr. Jn 8, 32). Esto supone un significado relevante para la misión de la Iglesia y lo que puede aportar desde su Doctrina Social, en la construcción política hoy, sin perder su identidad.
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    Planeta azul : un cosmos crucificado y reconciliado
    (PUCE - Quito, 2011) Panizo Sosa, Sebastián Bladimir; De la Torre Altamirano, David Israel
    Es a partir de una implicación dialéctica entre Teología y Ecología que podemos redescubrir la Creación como un acto de amor y de libertad del Creador. Así, en primer lugar, partiendo desde una re-lectura del relato de la Creación en el libro del Génesis que se pretende de-volver la dignidad del Cosmos como un valor en sí y no como un recurso que se debe someter y explotar, y al mismo tiempo, ratificar la responsabilidad del ser humano (sabio compañero) en el cuidado, en el crecimiento y en la perfección de la Creación vista como “sacramento”, porque el Creador crea creadores (A. Gesché). En segundo lugar, desde la luz de la Encarnación de Cristo, "Palabra hecha carne" (Jn 1, 14a), validaremos que la redención del Logos de Dios no afecta solamente a la humanidad, sino a la Creación entera que "gime hasta el presente y sufre dolores de parto" (Rm 8,18) hasta que Dios sea "todo en todos" (Col 3,11). Y, en tercer lugar, propondremos una aplicación de la colaboración del esfuerzo humano en el advenimiento de una Nueva Creación con "Cielos nuevos y tierra nueva" (Ap 21,1) mediante una espiritualidad de fraternidad con el Cosmos y una liturgia cósmica que celebre la Creación y la Vida Total.