Gabriel García Márquez plantea: “Traducir es la manera más profunda de leer. Pienso, también que es la más fácil...” (23). Las palabras de este autor coinciden con la creencia muy extendida en Europa, aun en la actualidad, de que sólo se puede llegar a comprender un texto a cabalidad si se lo traduce. Sin embargo, el proceso traductor no es fácil. La tarea empieza con la lectura del texto, un conjunto analizable de signos escritos, cuyo significado debe comprender el traductor para poder reproducirlo en otra lengua.
No se puede expresar ideas en la traducción sin antes haberlas comprendido, pero es posible haber comprendido el texto original y al momento de reproducirlo en otra lengua no poder expresarlo o a su vez expresarlo mal. Según García Yebra, la comprensión y la expresión son las dos alas del traductor. Si le falla una, “no podrá remontar el vuelo” (1983: 130)