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Browsing Teología by Subject "Antropología teológica"
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El pecado personal no es sólo 'personal'(PUCE - Quito, 2010) Vera Sabando, Pablo Agustín; De la Torre Altamirano, David IsraelEl pecado es siempre un acto de la persona, porque es un acto libre e individual y no precisamente de un grupo o comunidad. Al ser personal, responde de alguna manera a las decisiones que ha ido tomando en su vida; sin embargo, hay que entender también que el pecado no sólo responde a una inclinación del hombre al mal, sino que además está condicionado externamente por estructuras que invitan” al pecado. Si bien el pecado procede de los hombres, procede de modo colectivo y anónimo, procede antes de estructuras consolidadas que de la malicia personal de los individuos.” El pecado personal tiene siempre una dimensión social. El pecador, a la vez que ofende a Dios y se daña a sí mismo, se hace responsable también del mal testimonio y de la influencia negativa de su comportamiento. Los pecados sociales son el fruto, la acumulación y la concentración de muchos pecados personales.Item Open Access
Jesucristo única esperanza de salvación del hombre(PUCE - Quito, 2014) Dávila, José; Barredo Heinert, Fernando VíctorLa esperanza es un valor importante y necesario en la vida de todo ser humano. Contribuye a mantener vivas las metas y proyectos trazados a lo largo de la existencia. Motiva la existencia del presente y la abre al futuro impidiendo, así, aferrarse al pasado. Sin embargo, en la cotidianidad de la vida, este valor es cuestionado fuertemente cuando se enfrenta a la muerte, al sufrimiento y al dolor; aquí la esperanza es incapaz de librar al hombre de estas situaciones. Además, la esperanza puede perder el horizonte humanizador cuando su fundamento es solamente el hombre y sus capacidades. Por eso, es necesario encontrar un fundamento sólido, capaz de responder a las cuestiones de sentido, capaz de salvar a todo ser humano. El fundamento de la esperanza cristiana es Jesucristo. Su encarnación, su ministerio, su muerte y su resurrección constituyen el paradigma de esta espera. Por sus méritos podemos estar con Él en la vida y en la muerte, y resucitar con él. Pero también por el Hijo de Dios podemos vivir del amor salvífico de Dios aquí, así como también en la vida eterna. Esperamos, por medio de la fe en Jesucristo, que Dios nos amará para toda la vida. En consecuencia: el Hijo de Dios es la esperanza en la que todo hombre puede ser salvado y gozar de la vida eterna. A partir de esto la Iglesia, mientras aguarda expectante la plenitud de la salvación, recorre un camino en el que cree, vive y celebra esta esperanza.
